"Cuando le entregué mi vida
completamente al Señor en 1983, él
tomó mis recuerdos como parte de mi
liberación. Allí estaba yo, un niño
pequeño de cinco años, pero con
curiosidad inmensa en lo que
respecta a la anatomía masculina.
Este era el primer recuerdo que
tenía de lo que eran mis inicios en
los pensamientos homosexuales."
Muchas
personas creen que sólo por el hecho
de tener una curiosidad en lo que
respecta a la anatomía, es un
indicio del tipo de orientación,
pero esto no es verdad. Yo no
exploré la homosexualidad sino
muchos años después cuando cedí a
las tentaciones.
Recuerdo que,
cuando tenía seis años, fui
molestado sexualmente por un amigo
varón de la familia que me estaba
cuidando en ese momento. Este hecho
abrió las puertas a la perversión
sexual en mi vida. También recuerdo
que se me mostró algo de pornografía
en ese entonces. Aunque era
pornografía heterosexual fue muy
devastadora para lo que debía
entender respecto al amor REAL y al
proyecto de Dios con respecto a la
sexualidad. El verdadero amor de
Dios lo encontramos en 1 Corintios
13 y 1 de Juan.
A la edad de
siete años, me expusé más a la
pornografía. Los amigos de mi
hermano venían a mi casa para
revisar revistas playboy. Uno de
ellos estaba leyendo un artículo que
era como un “test” para probar si
uno tenía tendencias homosexuales.
El artículo preguntaba ¿A quién
besaría usted, a un hombre o a una
mujer? Ellos sabían que yo había
hojeado las revistas de antemano y
estaba muy asustado. Ese temor me
originó en mí una creencia a que me
iba a meter en problemas. Recuerdo
que quería responder lo que pensaba
que ellos deseaban oír.
Pensaba de la siguiente forma:
“Como eramos niños,” (y se
suponía que a la edad de los siete
años no debía existir un interés por
las niñas) fue así como contesté:
“Al hombre.” Entonces los amigos de
mi hermano dijeron que yo era
“raro”.
Me
ridiculizaron y a mi hermano
también.
Recuerdo ver
la cara de vergüenza que puso mi
hermano por mi culpa. Estaba muy
desilusionado y confundido. Me
sentía tan sucio, y escuchaba voces
que me decían una y otra vez, “Tú
eres homosexual, tú eres raro.”
Durante varios días esas voces me
condenaban en mi mente y en este
estado de confusión pensaba en la
anatomía humana una y otra vez.
Pocos años
después, cuando tenía alrededor de
nueve años, nuestros vecinos
tuvieron visitantes. Me encontraba
en la casa de ellos jugando. En un
momento en que me dirigí al “garage”
fui seguido por un visitante adulto,
quién me agarro por detrás y comenzó
a molestarme. No me dejaba ir. Me
dijo que me estuviera quieto. Estaba
muy asustado. Después de luchar con
él por unos minutos, (los cuales
parecieron como una hora),
finalmente logré escaparme. Estaba
aterrorizado por lo que había
pasado. Corrí fuera del “garage” y
me senté como si nada hubiese
pasado.
Seguidamente,
él salió del “garage”, se dirigió a
la silla donde yo estaba sentado y
me dió un golpe que me saco el
aliento. Me miró y dijo: “Esto es
sólo una muestra de lo que te pasará
si le dices algo a alguna persona.”
¡Estaba aterrorizado! Me fui a casa
y no se lo dije nunca a nadie.
Pensaba que era mi culpa, ya que
vestía pantalones muy cortos y no
tenía ninguna camisa puesta porque
hacía mucho calor. Ahora puedo ver,
cada vez miro hacia atrás, cómo los
demonios del infierno me estaban
condenando; y me pregunto: ¿cuántos
niños estarán siendo víctimas ahora
mismo? En ese entonces alguien en la
escuela me entregó un libro cuyo
tema eran las brujas. Era un libro
de historias y de hechizos. Una
noche ya muy tarde comencé a hacer
un hechizo del libro. Era un hechizo
para lograr poder y aceptación. A
medida que realizaba el hechizo
comencé a sentir una fuerte
presencia en el cuarto. Me asusté
muchísimo y guardé el libro para
siempre. También fui expuesto a
juegos de fortuna de los que
sutilmente se denominan para niños.
El Señor me ha mostrado como el
diablo había tomado un control
pervertido en mi pensamiento. Yo le
había dado cabida a Satanás en mi
vida. Todas las voces que escuchaba
eran demonios. Esas voces parecen
que fuesen nuestros propios
pensamientos, como si nos
estuviésemos hablando a nosotros
mismos. Recordemos que no todos lo
pensamientos que están en nuestra
mente son propios, algunos son
demoníacos, como lo dicen las
escrituras son “dardos ardientes”
(Efesios 6:10-18; 2 Corintios
10:3-5).
Un año más
tarde, mi familia hizo un viaje a
Colorado. Nos quedamos en casa de
unos amigos de mi padre. Ellos
tenían un hijo que era un par de
años mayor que yo. Cuando llegó la
hora de dormir me dijo que un amigo
le había enseñado un "juego". Me lo
comenzó a explicar y me dijo que no
era malo ya que era sólo un “juego”.
Me comenzó a molestar, pero en esta
oportunidad cedí por el hecho que
era solamente un “juego”. Fue la
primera vez en mi vida conocí lo que
era el sexo. Un año más tarde, vino
de visita a mi casa y “jugamos” de
nuevo.
La razón por
la cual el Señor permite que
recuerde las cosas por las que pasé,
son para demostrar que aunque muchas
personas dicen haber nacido gay, son
las influencias de la niñez y no los
genes lo que inclinan a la
homosexualidad. Muchos dicen que
desde que pueden recordar han
sentido deseos por el mismo sexo. Yo
era un niño muy pequeño cuando todo
esto empezó en mi vida. Fui expuesto
a la perversión sexual y a las
influencias demoníacas a una edad
muy tempana. Nunca había meditado
estos hechos anteriormente sino
cuando el Señor me los recordó al
salir de la homosexualidad. Yo era
uno de esos gays que creían la
mentira de haber “nacido gay”. La
homosexualidad es una conducta
pecadora que es aprendida.
La mayoría de
las veces es una conducta que
inicialmente es inducida por
extraños y que después se escoge.
Asombra saber cuan sutilmente estas
cosas pueden deslizarse dentro de la
vida de un niño. Es muy triste que
mis padres nunca supieron lo que me
estaba pasando. Ellos me amaban,
como todos los padres aman a sus
niños y cuando se enteraron se les
rompió el corazón. Debido a que
ellos no tenían el conocimiento de
Dios y no entendían sus caminos, yo
no estaba protegido, no tenía la
cerca de protección espiritual (Job
1:10, 3:23). Aunque mis padres
cometieron errores, me criaron de la
mejor manera que podían y no los
culpo por mis decisiones. “Mi pueblo
no tiene conocimiento, por eso ha
sido destruido. Y a ti sacerdote,
que rechazaste el conocimiento, yo
te rechazo de mi sacerdocio. Puesto
que tú olvidas las enseñanzas de tu
Dios, yo me olvidaré de tus
descendientes” (Oseas 4:6). Los
demonios del infierno habían venido
a destruir mi vida sin que mis
padres se dieran cuenta. Los pecados
de los antepasados, influyen en
forma demoníaca inclusive en los
niños pequeños. Es una realidad que
nacemos con un pecado natural
(Génesis 3:7, 22). Cuando un bebe
nace no se le enseña como enojarse,
como rebelarse o tirar los objetos,
lo hacen por si mismos. También es
cierto que heredamos muchas cosas de
nuestros padres.
Es un
principio bíblico que heredamos
deseos y hábitos pecaminosos cuya
raíz son los pecados de nuestros
antepasados. No obstante, esto no es
una excusa para culpar a otros de
nuestras decisiones, no debemos
culpar a nuestros padres de nuestros
pecados. Hemos elegido revelarnos y
caminar en pecado. No importa cual
sea el engaño, es nuestra decisión.
Debemos asumir la responsabilidad
completa por nuestras decisiones,
acciones y pecados delatante de Dios
que es Santo, Justo y Recto. Sin
embargo, he hablado con personas que
han confesado sus pecados y los de
sus antepasados y han alcanzado una
liberación inmediata. Es importante
confesar y tomar autoridad sobre los
hábitos de pecado (Nehemías 9:2;
éxodo 20:5; Deuteronomio 5:9-10;
Proverbios 28:13; 1 Juan 1:9;
Santiago 5:16). “Porque no luchamos
contra sangre y carne sino contra
principados, contra potestades,
contra los gobernadores de las
tinieblas de este siglo, contra
huestes espirituales de maldad en
las regiones celestes” (Efesios
6:12).
Cuando tenía
doce años, mi familia se mudó a otra
casa y comencé a asistir a una
escuela pública. Fui educado como
católico y asistía a una escuela
católica privada hasta ese entonces.
En el séptimo grado comencé a
utilizar drogas. Comencé a fumar
marihuana y escuchaba música de rock
y tenía esa clase de amigos que
siempre te empujan a pecar más y
más. Esta fue una época muy triste
en mi vida. Rechacé lo poco que
conocía de Dios. Esto abrió la
puerta para que existiese una
influencia constante de la actividad
demoníaca en mi vida; comencé a ser
activo sexualmente con una muchacha
que conocí en la escuela. Me rodee
de compañeros que me animaban a
continuar en el pecado. “No erréis;
las malas conversaciones corrompen
las buenas costumbres” (1 Corintios
15:33). Después de año y medio
viviendo en esta forma, entré en una
profunda depresión porque seguía
teniendo pensamientos homosexuales,
deseos y sueños. Me había entregado
a los deseos de la carne. Estaba muy
deprimido y no hablaba con ninguno
de mis amigos. Permanecí en esta
depresión cerca de un mes. Mi
familia y amigos se preocuparon
muchísimo. Me pedían constantemente
que hablara pero no lo hacía.
Tenía temor de
lo que ellos pudiesen pensar. Había
comenzado a creer que era
homosexual. En mi depresión, una
noche le pedí a Dios que me
cambiara. Creía que había nacido
gay; estaba creyendo una mentira.
Intentaba tener “una relación
heterosexual,” pero no podía dejar
de tener pensamientos homosexuales.
Fue así como culpé a Dios por
hacerme gay. Con mucha ira le dije a
Dios que me cambiara, pero no tuve
éxito. “Porque la ira de Dios se
revela desde el cielo contra la
impiedad e injusticia de los hombres
que detienen con injusticia la
verdad; porque lo que de Dios se
conoce les es manifiesto, pues Dios
se lo manifestó. Porque las cosas
invisibles de él. Su eterno poder y
deidad se hacen claramente visibles
desde la creación del mundo. Siendo
entendidas por medio de las cosas
hechas, de modo que no tienen
excusa. Pues habiendo conocido a
Dios, no le glorificaron como a
Dios. Ni le dieron gracias, sino que
se envanecieron en sus
razonamientos, y su necio corazón
fue entenebrecido. Profesando ser
sabios, se hicieron necios...”
(Romanos 1:18-22). Veamos esto en
este pasaje de la escritura. Es una
comparación directa al estilo de
vida homosexual. Había suprimido la
verdad de Dios por una mentira. Era
mi culpa porque hasta la naturaleza
proclamaba que Dios era real y que
mis deseos no eran naturales. No
honré a Dios ni le di gracias, así
que mi corazón se entenebreció. En
verdad me convertí en un necio “y
con todo engaño de iniquidad para
los que se pierden, por cuanto no
recibieron el amor de la verdad para
ser salvos, por esto Dios les envía
un poder engañoso, para que crean la
mentira, a fin de que sean
condenados todos los que no creyeron
a la verdad, sino que se
complacieron en la injusticia” (2
Tesalonicenses 2:10-12). Estos
pasajes de las escrituras son
definitivamente una imagen de donde
me encontraba en la homosexualidad.
En secundaria
tuve otra experiencia que me llevo a
creer esta mentira, había un
muchacho en una de mis clases que me
ridiculizaba TODOS los días
llamándome “marica”. Me deprimía
cada vez más y más. Me atacaba en mi
quebrantamiento y en mi falta de
habilidad para relacionarme con los
hombres. Era afeminado en mis
acciones. Recordemos el dicho
”Piedras y palos podrán romper mis
huesos, pero las palabras nunca me
harán daño.” Bueno las palabras si
hacen daño y lo hacen en una forma
muy profunda (Proverbios 25:18;
Salmo 52:2; Salmo 55:21). Estaba muy
herido y me sentía muy inquieto por
mi compañero. La astucia de Satanás
es ministrar rechazo a cualquier
precio. Sus estrategias son hacernos
sentir rechazados y pervertir la
creación de Dios.
Fue así como,
finalmente, decidí matarme. Tenía
mucha depresión. Creó que lo hubiese
hecho sino hubiese sido por un
“amigo” quien vino esa noche. Me
encontraba en la puerta de mi casa
cuando paso manejando y me pregunto:
”¿A dónde vas?” A lo que le
respondí: “A matarme.” El me dijo:
“Entremos a tu casa, necesito
hablarte. Yo se lo que te pasa.” No
le creí, pero quería saber lo que
pensaba, así que entramos. Fuimos a
mi cuarto y empezó a decirme que
pensaba que mi problema no era nada
para preocuparme. Me dijo que él era
bisexual, y que esto era normal. ¡Me
sobresalte! Una falsa paz vino sobre
mí. Uno de mis amigos más cercanos
entendía lo que estaba pasando.
Inmediatamente, rompí mi relación
con mi novia y comencé una relación
con él. Esto abrió la puerta para
que me envolviera en el estilo de
vida homosexual. No sabía que había
otros homosexuales, y que gran parte
de la sociedad estaba dada a la
homosexualidad. Una cosa lleva a
otra, y como iba en la escuela
secundaria, conocí a otros amigos y
empecé a salir a los bares gay y
conocer otra gente. Lo que deseaba
era estar “casado” homosexualmente.
Unos años mas
tarde, en la boda de mi hermana
menor, hablé con el sacerdote que
realizaba su ceremonia. él dijo:
“Stephen, yo sé la causa por la que
no has estado viniendo a la
iglesia.” Yo dije: “¿Por qué?”. Me
miró fijamente y dijo: “Es
precisamente la razón por la que
deberías estar viniendo.” En ese
momento mis amigos se acercaron y
nos fuimos. Pensé: "él tiene que ser
gay”. Me sobresalté, pero esto
reforzó mi falso sentimiento de paz,
me dio la esperanza que mis
convicciones y culpas anteriores no
eran válidas.
Buscaba
relaciones gay de tipo matrimoniales
con algunos hombres de distintos
trasfondos. Tuve una relación con un
hombre de dinero que duró dos años,
se llamaba Mike. En ese tiempo, yo
era muy religioso y empecé a
regresar a la iglesia católica. Iba
a la universidad y mi estilo de vida
era muy abierto. Vivía en una casa
muy hermosa, conducía un convertible
nuevo y tenía mucho dinero. Viajé y
vi muchos lugares. Era muy mundano.
Codiciaba riquezas, y pensaba que
realmente yo era algo (Romanos 12:3;
1 Corintios 8:2). Una amiga de la
escuela secundaria supo la razón por
la cual había terminado con mi novia
y me envió un cassette llamado
“Espada Gay” producido por Jack
Chick. Era muy convincente. Se lo
mostré a Mike y me dijo que lo
tirara a la basura porque "eso es
basura”. él pensaba que sabía más
por ser anciano en una iglesia
episcopal prominente. Lo tiré
después de haberlo pensado por
varios días. Ahora entiendo como mi
Padre Celestial me estaba buscando.
Varios meses
después, mi hermano pequeño murió.
Nuestra edad se diferenciaba sólo
por 18 meses. Este fue el punto de
cambio crucial en mi vida. Por
primera vez en años, empecé a orar
seriamente. Mi mente se abrió al
hecho que pasaría la eternidad en
algún lado. Clamé a Dios mayormente
quejándome porque sentía que El se
había llevado a mi hermano pequeño.
Estaba tratando de manejar esa
espantosa culpabilidad propia. En el
funeral de mi hermanito, noté que el
mismo sacerdote de la boda de mi
hermana pequeña estaba hablando con
Mike. Era algo muy extraño, pero
confirmaba lo que había pensado
anteriormente. Mike lo conocía muy
bien, y conocía muchos otros
presbíteros y ministros gay. Cuando
hablé con este presbítero, me dijo
que para Dios el ser homosexual era
aceptable. Era grandioso porque Dios
nos había creado así y nos amaba de
la forma en que éramos. Esto me dio
una falsa esperanza. Desde ese
momento más que nunca creí que mi
estilo de vida estaba predestinado.
Por esto, caí nuevamente en una
depresión de varios meses. Estaba
lleno de culpa por la relación con
mi hermano pequeño. Estaba tan
convencido de que yo era digno de
muerte, y que debía haber sido yo el
que debería estar muerto.
Durante este
tiempo de depresión, la relación con
Mike terminó en una horrible pelea.
Después me uní a un club deportivo y
conocí a un muchacho que pensaba era
heterosexual. Era físico culturista
y me ayudaba a entrenar. Pero estaba
equivocado. Había estado expuesto a
la homosexualidad desde muy temprano
en su vida. Estaba plagado de
pensamientos. Una cosa lleva a la
otra y, de esta forma, comencé otra
relación. Este hombre estaba casado
y, al saber esto, comencé a
desmoronarme internamente de tal
manera que hasta desarrollé una
úlcera. él quería dejar a su esposa
y mudarse a otro estado conmigo. Era
un buen abogado y lo podía hacer
fácilmente. Debido a mi
religiosidad, sabía que esto tenía
que ser malo y decidí terminar la
relación. No podía sostener la
culpabilidad por más tiempo.
Realmente estaba deshecho por todo y
decidí tratar y forzarme a mi mismo
para ser heterosexual.
Me involucré
en una relación con una chica quien
solamente parecía estar “tratando de
ayudarme” para salir de este estilo
de vida. Esta relación, con todos
sus pecados sexuales, trajo mucha
culpa y no funcionó. Todavía deseaba
una relación con un hombre. No
imaginaba que la necesidad que yo
tenía podía solamente ser llenada en
una relación tipo padre amoroso, la
cual realmente nunca había conocido.
Puedo decir ahora que mi Padre
Celestial conoce todas mis
necesidades. Durante los últimos
años, el Señor me ha restaurado en
una maravillosa relación con mi
padre terrenal, a quien amo
cariñosamente. Debemos, aún a través
del rechazo, acercar nuestros
corazones hacia nuestros padres, de
otra forma no nos ira bien.
(Malaquías 4:6; éxodo 20:12; Efesios
6:1-3).
Conocí a otro
joven llamado Steven, de quien pensé
era “la persona perfecta”. Nuestra
relación duró tres meses. Vino
entonces el día cuando entregué mi
vida a Jesús. Esta relación fue una
prueba real para mi después de mi
conversión. Satanás estaba jugando
su última y mejor carta. Steven pudo
haber llamado y llorado por
teléfono, rogándome reconsiderar,
porque un amor real no haría esto.
Pero debido al nuevo amor que
encontré, inmaduro y fervoroso por
Jesús, lo reprochaba y citaba las
escrituras. Por lo tanto Steven se
puso en mi contra y empezó a
odiarme. (1 Corintios 15:33;
Proverbios 14:16, 17:10, 18:6-7,
23:9, 26:4). He escrito estas
andanzas de relaciones homosexuales
para dar ESPERANZA a otros que
pueden estar leyendo este
testimonio. Quiero que otros sepan
de la poderosa liberación de
Jesucristo. Muchos, en el mundo
homosexual, me han acusado de no
haber sido nunca gay, pero eso está
lejos de la verdad. Fui, pero ya NO
soy. Mi viejo yo murió en Jesucristo
y tengo una nueva vida ahora, debido
a su amor en el calvario.
Durante esta
transición de la muerte a la vida,
una antigua amiga de la escuela
secundaria llamada Mary me llamó y
dijo que necesitábamos salir porque
era su cumpleaños. Al día siguiente,
quiso ir a ver a su hermana. Ella me
previno que su hermana y el esposo
de su hermana eran “muy religiosos”,
no me importó, y fuimos a su casa.
Estaba sentado en la sala
escuchándolos cuando le decían a
Mary de los caminos de Dios. Esta
gente, Steve, el cuñado de Mary, y
Linda, su hermana le hablaban de
Jesús de una manera que yo nunca
había conocido. Hablaban de un Jesús
que hacía por ellos esto y aquello.
Hablaban como Jesús iba y venía a su
casa. Pensaba que esta gente estaba
loca. Yo no conocía a un Jesús como
este, el Jesús que yo conocía había
muerto en una cruz y se encontraba
en una hostia los domingos. Pero, de
pronto, el Espíritu Santo me habló.
El Señor me dijo: ”si no me aceptas
esta noche, morirás.” Mi corazón
empezó a palpitar y palpitar. Sabía
que tenía que conocer a Jesús como
esta gente. Las muchachas salieron
de la habitación y me quedé sentado
allí con Steve. Le dije a Steve:
“Necesito conocer a Jesús de la
forma que tú lo conoces.” Saltó de
su silla y me dijo “Bien hermano,
creo que Jesús te está llamando.”
Yo sabía que
Jesús me estaba llamando y que era
muy serio. Oré esa noche para
recibir a Jesucristo como Salvador y
Señor. Recuerdo, mientras oraba, que
veía a Jesús muriendo en la cruz por
mí. Lo vi en la cruz de una forma
distinta y creí. Steve me condujo en
oración entregándome al señorío de
Jesucristo. Poco después las
muchachas regresaron a la habitación
y Steve le dijo a Mary que yo había
sido “salvado”. Mary estaba
insegura. Ella preguntó: “¿Lo
hiciste?” y yo dije: ”Sí ,creo que
sí.” No entendía completamente todo
lo que me había pasado, no entendía
la terminología “salvo”. Vino más de
la salvación, esa noche después de
llegar a casa ya tarde, fui a mi
recamara con la vieja Biblia
familiar. Empecé a orar a Dios para
que me mostrara donde mi estilo de
vida había estado incorrecto. Quería
que Dios me mostrara de la Biblia si
la homosexualidad era correcta o
incorrecta. Abrí la Biblia, fue en
Levítico capítulo 18, y mis ojos
recayeron en el verso 22. ¡Fue un
milagro de Dios! ”No te echarás con
varón como con mujer, es una
abominación” (Levítico 18:22,
20:13). Dios me había ministrado la
ley así que ahora podía ver mi
necesidad por Jesucristo. (Gálatas
3:22; Romanos 7:7; Mateo 5:17-20).
Realmente no sabía lo que
significaba abominación, pero
mirando en la palabra sabía que
tenía que significar algo que Dios
realmente detestaba. Entonces, me
arrodillé junto a mi cama y clamé a
Dios por perdón. Oré confiando en
Jesús que cambiase mi vida
totalmente, y desde aquel día he
sido totalmente transformado. No
estoy diciendo que no tuve que
trabajar mucho porque sí lo hice. De
hecho, el año que siguió, vino con
todo tipo de tentaciones y pruebas.
Después de mi transformación, los
días subsecuentes, fueron llenados
con gran convicción y tuve muchos
ataques de los demonios. Confesé mi
pecado a Steve y él oró conmigo
nuevamente (Santiago 5:16). Después
comencé a buscar una iglesia. El
Espíritu Santo me llevó a un grupo
de personas que amaban a Dios con
todo su corazón. Descubrí más tarde
que los creyentes en esta
congregación habían estado orando
por mí durante un estudio bíblico.
Gracias a Dios por aquellos quienes
creen y oran a Dios por las almas.
Si tú estás orando por alguien,
nunca pares. ¡Mantente orando! Es
muy importante encontrar un grupo de
personas con los que puedas tener
comunión y puedan animarte y
sostenerte responsablemente.
Ora y pide a Jesús que te ayude a
encontrar el lugar correcto para ti.
él fue fiel conmigo y lo será
contigo, para Dios no hay diferencia
de personas.
(Hechos 10:34, 35)
En conclusión,
la liberación de la homosexualidad,
viene solamente de Jesucristo, no
viene de grandes consultores y
ministros. Dios si usa a estas
personas, pero esto es realizado por
Jesucristo y SOLO él. La total
liberación de la homosexualidad
viene mediante un nuevo estilo de
vida en una absoluta entrega y una
completa dependencia en el Señor
Jesucristo.
Debemos creer
sus promesas y permanecer en la
Palabra de Dios, y determinar
obedecerle. Pídele que te ayude. El
hacha debe derribar a cada raíz en
nuestras vidas, de manera que
podamos caminar completamente con
Jesús. No perdonar y la amargura son
las raíces principales. Los
homosexuales generalmente son
personas muy heridas y amargadas.
Esto debido a que usualmente han
tenido una relación muy pobre con su
padre. La mayoría. nunca ha
experimentado amor masculino real y
no han experimentado el corazón de
Dios Padre. Las personas en estilo
de vida homosexual ven su relación
con Dios Padre como su relación con
su padre terrenal. Rechazan a Dios
con enojo y amargura y buscan la
necesidad insatisfecha del amor de
un padre. Todos necesitamos este
amor desesperadamente, especialmente
aquellos en el estilo de vida
homosexual.
Debemos
recordar que la salvación, o
liberación de la sodomía, viene
solamente a través de la fe en
Jesucristo. La fe viene por el oír.
y el oír por la palabra de Cristo.
“Así que la fe es por el oír, y el
oír, por la palabra de Dios”
(Romanos 10:17). Jesús es la Palabra
Viva. El es el poder vencedor que
necesitamos para vencer al pecado.
La gracia de Dios en Jesucristo,
nuestro Señor, es suficiente para
nosotros en nuestras debilidades. Su
gracia es el poder para vencer TODO
pecado. El humilde recibe gracia.
Por eso debemos humillarnos nosotros
mismos diariamente para recibir su
gracia diariamente (Santiago 4:6).
No os engañéis; Dios no puede ser
burlado: pues todo lo que el hombre
sembraré, eso también segará. Porque
el que siembra para su carne, de la
carne segará corrupción; mas el que
siembra para el espíritu, del
espíritu segará vida eterna.”
(Gálatas 6:7).
La naturaleza
por si misma proclama los atributos
invisibles de Dios, su eterno poder
y naturaleza divina. (Romanos 1:20).
Los caminos de Dios para el hombre
son estar con una mujer. ¡Esto es
natural! (Génesis 1:26-27). Dios no
cometió errores cuando nos creó
anatómicamente. él nos ha dado a
cada uno de nosotros correctas y
naturales partes del cuerpo. No hay
errores en esto, Dios creó al hombre
y a la mujer para vivir y trabajar
juntos emocionalmente,
espiritualmente y físicamente.
“Bienaventurado el varón que
soporta la tentación; porque cuando
haya resistido la prueba, recibirá
la corona de la vida, que Dios ha
prometido a los que le aman. Cuando
alguno es tentado, no diga que es
tentado de parte de Dios; porque
Dios no puede ser tentado por el
mal, ni él tienta a nadie; sino que
cada uno es tentado, cuando de su
propia concupiscencia es atraído y
seducido. Entonces la
concupiscencia, después que ha
concebido, da a luz el pecado; y el
pecado, siendo consumado, da a luz
la muerte”
(Santiago 1: 12-15).
¡Debemos
clamar a Dios por liberación! Dios,
de acuerdo a su Palabra, escucha las
plegarias de los arrepentidos y ve
los corazones de la personas que son
honestas verdaderamente con él
(Salmo 51:17). No trates de probar a
Dios, pero sé totalmente honesto con
él. Humíllate a ti mismo ante Dios,
confesando cada pecado y motivo, y
él tendrá gracia para contigo. Su
gracia traerá poder para vencer
cualquier pecado. Espera en Dios.
Confía completamente en él,
entregando todos tus caminos en él y
él se asegurará de que tus pasos
sean correctos (Prov. 3:6, Sal.
37:5). Yo alabó a Dios cada día por
haberme liberado de la sodomía.
Cuando las
memorias del pasado vienen,
solamente las vuelvo hacia altares
de alabanza a El por su poderosa
liberación.
Mi meta es
continuar alabándolo en CADA
tribulación y tentación. Debemos
constantemente agradecer a Dios por
cada cosa que está haciendo en
nuestras vidas. Mi Padre Celestial
me ha dado una hermosa y
misericordiosa esposa. Hemos estado
casados desde el 25 de mayo de 1986,
y tenemos tres hermosos niños. Las
bendiciones de Dios nunca cesan
cuando estamos abiertos a su
obediencia.
Datos sobre el autor:
Stephen Black
es un ministro ordenado y ha estado
ministrando para que las personas
dejen el estilo de vida homosexual
por once años. Es el Director
Asistente del ministerio First Stone
- Primera Piedra - (ministerio
hermano de Zapatos Nuevos) los
últimos tres años y medio, y puede
ser localizado en el ministerio
Primera Piedra para consultas o
discursos públicos. Las siguientes
referencias de la escritura
acompañaron el testimonio original
escrito por Stephen en 1991 como
parte de estudios bíblicos. Estos
versos bíblicos deben ser injertados
dentro de nuestras almas para
nuestra propia liberación.
“Por lo cual desechando toda
inmundicia y abundancia de malicia,
recibid con mansedumbre la palabra
implantada, la cual puede salvar
vuestras almas”
(Santiago 1:21).
Notas del Estudio Bíblico:
Apocalipsis 12:11;
Proverbios 9:10;
Proverbios 10:27, 14:27, 16:6,
19:23;
Job 28:28;
Salmo 34:7-10 & 111:10;
Apocalipsis 14:6-7;
Lucas 24:47;
Isaías 30:15;
Hebreos 4:14-16;
1 Corintios 10:12-13;
Santiago 4:6-10;
Tito 2:11-12;
Salmo 51:17 y 32:1-5;
1 Juan 1:9;
Santiago 5:16;
Juan 1:1;
1 Juan 1:1;
Romanos 10:17;
Hebreos 11:6;
Salmo 119:105;
Mateo 4:1-11;
Santiago 1:21-22;
1 Pedro 1:23;
Salmo 119:9-16;
2 Corintios 10:3-5;
Efesios 4:23;
1 Pedro 1:13-16;
1 Pedro 4:12-13;
Efesios 6:10-18;
2 Corintios 5:17;
Génesis 3:1-5;
Romanos 1:25;
Gálatas 5:19-24;
1 Corintios 6:9-11;
Efesios 5:5-6;
Apocalipsis 21:8;
Salmo 68:5-6;
Salmo 103:13;
Juan 14:9-10;
Romanos 8:31;
Romanos 8:15;
1 Juan 4:8-11;
Salmo 25:14;
2 Corintios 1:3-4;
Malaquías 4:6;
éxodo 20:12;
Efesios 6:1-3;
Mateo 18:21-35;
Juan 14:26;
1 Juan 2:27;
1 Pedro 5:8-10