Estuve andando por el oscuro y
terrible mundo de la homosexualidad.
No creo que haya algo de ese absurdo
estilo de vida que pueda decir que
tenga algo de valor. Víctima de las
circunstancias, sin haber tan
siquiera tenido la oportunidad de
elegir por mi propia cuenta. Desde
niño, fui usado sexualmente una y
otra vez por otros niños mayores que
yo. Fui abusado sexualmente a la
edad de seis años por un miembro de
mi familia, a quien he perdonado y a
quien el Señor me ha enseñado a amar.
La gran mentira es: “Yo nací
homosexual”. El niño o la niña que
atraviesa por situaciones como ésta,
no puede entender que han sido
víctima de ambientes en los que se
desarrollan estas distorsiones
sexuales entre otras. A mí como ven,
me afectó al grado de vivir treinta
y cuatro años en ese infierno. Un
día, caminando en esa horrible
oscuridad, alguien encendió la luz,
y me habló de Cristo. Pasado un
tiempo, un día estando en mi
habitación, tuve una experiencia
increíble en la cual me comprometí
con Dios a predicar la Palabra. Me
había acabado de acostar y eran como
las once de la noche. Después de
haberme quedado dormido, comencé a
sentir un ruido espantoso. Pude ver
entonces mi espíritu salir del
cuerpo. Aquel ruido ensordecedor
aumentaba más y más.
Fue entonces que pude ver desde mi
espíritu, en el techo de mi
habitación, mi cuerpo como muerto,
tendido en la cama. Si estaba viendo
algo sorprendente. Cuando de momento,
por debajo de mi costilla izquierda
se comenzó a levantar como una
barriga. Igual que la mujer que va a
dar a luz, comenzó mi piel a
estirarse hasta el extremo de
desgarrarse. De ahí, salió un ser
despreciable envuelto en una
sustancia gelatinosa, no tenía sexo,
ni vellos en el cuerpo y su figura
era de mi tamaño. No tenía forma de
cuerpo de hombre ni de mujer. Cayó a
los pies de la cama, y no podía
incorporarse pues era como sin
huesos y sin ligamentos. Luego de
unos minutos aquello quiso volver a
entrar en mí, pero comenzó una
batalla y mi espíritu que estaba
afuera, comenzó a dar vueltas en
aquella habitación. El ruido se hizo
más ensordecedor y de pronto mi
espíritu tomó la Biblia que estaba
en una de las tablillas de la
habitación y golpeó en la cabeza
aquel fenómeno el cual fue destruido.
Inmediatamente quedé sentado en mi
cama.
Enseguida comencé a preguntarle a
Dios que había sido aquella visión.
él me dijo: “Rigoberto te he
permitido ver el demonio de Sodoma,
que estuvo copando tu vida estos
años, para que le digas a Mi pueblo
que el homosexualismo es un demonio,
que se apodera de hombres y mujeres
y los hace ser así”. Desde aquel
entonces comencé a ver cambios en mi
persona, no sólo en el área
espiritual, sino hasta cambios
físicos. Inmediatamente después,
pude comprender la seriedad de todo
lo que me había ocurrido y el
llamado que Dios me había hecho.
Desde ese momento comencé a hablar
en libertad sobre el milagro que
Dios estaba haciendo en mi vida. Al
principio no podía entender como era
posible que, estando dentro del
rebaño del Señor, hubieran personas
esclavizadas cuando yo apenas había
llegado del mundo y había sido
libertado. No lo pude comprender
hasta que experimenté la oposición
de los que estaban cuidando del
rebaño. Fue entonces cuando entendí
que estaba caminando las primeras
millas de un inmenso desierto.
A veces se hace difícil comunicarle
a un pueblo machista como el nuestro,
el mensaje de liberación y
restauración total del homosexual.
Ha sido un largo caminar por el
desierto. En estos dieciséis años he
podido ver la apatía que se tiene
dentro de los grupos religiosos
hacia el homosexualismo. No existe
el pastoreo y, más aún, en las
iglesias no saben cómo ayudar a los
homosexuales. Es un desierto de
ignorancia y de falta de recursos.
¿Cuántos se habrán quedado
atrás? ¿A cuántos hay que ayudar?
Todo este caminar me ha mostrado que
él me llamó para decirle al pueblo
de Dios que él ama también a los
homosexuales y quiere libertarlos.
Las situaciones no me han podido
hacer callar. El desierto me ha
enseñado a esperar. Espero en él,
que la Iglesia despierte y abra las
puertas a esta realidad. Tenemos que
decirle a todos los amigos que están
pasando por esta situación, que les
amamos y que la Iglesia los está
esperando