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Del Infierno Al Desierto

Por: Dr. Rigoberto Carrión

 

Estuve andando por el oscuro y terrible mundo de la homosexualidad. No creo que haya algo de ese absurdo estilo de vida que pueda decir que tenga algo de valor. Víctima de las circunstancias, sin haber tan siquiera tenido la oportunidad de elegir por mi propia cuenta. Desde niño, fui usado sexualmente una y otra vez por otros niños mayores que yo. Fui abusado sexualmente a la edad de seis años por un miembro de mi familia, a quien he perdonado y a quien el Señor me ha enseñado a amar.

La gran mentira es: “Yo nací homosexual”. El niño o la niña que atraviesa por situaciones como ésta, no puede entender que han sido víctima de ambientes en los que se desarrollan estas distorsiones sexuales entre otras. A mí como ven, me afectó al grado de vivir treinta y cuatro años en ese infierno. Un día, caminando en esa horrible oscuridad, alguien encendió la luz, y me habló de Cristo. Pasado un tiempo, un día estando en mi habitación, tuve una experiencia increíble en la cual me comprometí con Dios a predicar la Palabra. Me había acabado de acostar y eran como las once de la noche. Después de haberme quedado dormido, comencé a sentir un ruido espantoso. Pude ver entonces mi espíritu salir del cuerpo. Aquel ruido ensordecedor aumentaba más y más.

Fue entonces que pude ver desde mi espíritu, en el techo de mi habitación, mi cuerpo como muerto, tendido en la cama. Si estaba viendo algo sorprendente. Cuando de momento, por debajo de mi costilla izquierda se comenzó a levantar como una barriga. Igual que la mujer que va a dar a luz, comenzó mi piel a estirarse hasta el extremo de desgarrarse. De ahí, salió un ser despreciable envuelto en una sustancia gelatinosa, no tenía sexo, ni vellos en el cuerpo y su figura era de mi tamaño. No tenía forma de cuerpo de hombre ni de mujer. Cayó a los pies de la cama, y no podía incorporarse pues era como sin huesos y sin ligamentos. Luego de unos minutos aquello quiso volver a entrar en mí, pero comenzó una batalla y mi espíritu que estaba afuera, comenzó a dar vueltas en aquella habitación. El ruido se hizo más ensordecedor y de pronto mi espíritu tomó la Biblia que estaba en una de las tablillas de la habitación y golpeó en la cabeza aquel fenómeno el cual fue destruido. Inmediatamente quedé sentado en mi cama.

Enseguida comencé a preguntarle a Dios que había sido aquella visión. él me dijo: “Rigoberto te he permitido ver el demonio de Sodoma, que estuvo copando tu vida estos años, para que le digas a Mi pueblo que el homosexualismo es un demonio, que se apodera de hombres y mujeres y los hace ser así”. Desde aquel entonces comencé a ver cambios en mi persona, no sólo en el área espiritual, sino hasta cambios físicos. Inmediatamente después, pude comprender la seriedad de todo lo que me había ocurrido y el llamado que Dios me había hecho. Desde ese momento comencé a hablar en libertad sobre el milagro que Dios estaba haciendo en mi vida. Al principio no podía entender como era posible que, estando dentro del rebaño del Señor, hubieran personas esclavizadas cuando yo apenas había llegado del mundo y había sido libertado. No lo pude comprender hasta que experimenté la oposición de los que estaban cuidando del rebaño. Fue entonces cuando entendí que estaba caminando las primeras millas de un inmenso desierto.

A veces se hace difícil comunicarle a un pueblo machista como el nuestro, el mensaje de liberación y restauración total del homosexual. Ha sido un largo caminar por el desierto. En estos dieciséis años he podido ver la apatía que se tiene dentro de los grupos religiosos hacia el homosexualismo. No existe el pastoreo y, más aún, en las iglesias no saben cómo ayudar a los homosexuales. Es un desierto de ignorancia y de falta de recursos.

¿Cuántos se habrán quedado atrás?
¿A cuántos hay que ayudar?

Todo este caminar me ha mostrado que él me llamó para decirle al pueblo de Dios que él ama también a los homosexuales y quiere libertarlos. Las situaciones no me han podido hacer callar. El desierto me ha enseñado a esperar. Espero en él, que la Iglesia despierte y abra las puertas a esta realidad. Tenemos que decirle a todos los amigos que están pasando por esta situación, que les amamos y que la Iglesia los está esperando.

Copyright © 2002, Todos Los Derechos Reservados • Ministerio Hijos del Padre. Rigoberto Carrión y su esposa Sonia, son los directores del Ministerio Hijos del Padre en Orlando, Florida.

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