Mi primera
memoria de
actividad
sexual es de
cuando yo
tenía como
cinco años
de edad. Una
niña de diez
años y yo
estábamos
escondidas y
nos
tocábamos en
nuestras
partes
privadas.
Aunque fui
molestada
sexualmente
todos los
días de mi
vida por
hombres y
mujeres, yo
prefería el
tocar de una
mujer o de
otra niña,
porque ellas
eran tiernas
mientras que
los hombres
eran crueles
y sucios
conmigo.
Por: Dra.
Socorro "Soki"
Meza
De
pervertida...
De
prostituta...
De
esclava...
De la
pudrición...
De la
homosexualidad...
De adicta
a las drogas
y al
alcohol..
¡A
convertida!
¡A
predicadora!
¡A
libertadora!
¡A la
purificación!
¡A la
santidad!
¡Adicta a
Cristo,
Aleluya!
Comencé a
tener
desconfianza
y a odiar a
los hombres.
Mientras
abusaban de
mí
sexualmente,
en mi
pensamiento,
yo me iba a
un bosque
fresco donde
los
animalitos
me hacían
una casita y
me traían de
comer, aún
así yo
estaba muy
consciente
de lo que
los hombres
me hacían.
Yo
experimentaba
un temor
horrible y
mucha
vergüenza
antes,
durante y
después de
cada asalto
sexual.
Había veces
que aunque
odiaba lo
que me
hacían, mi
cuerpecito
reaccionaba
sensualmente.
Esto me
causaba más
vergüenza y
más
confusión.
¡El
amor de
Jesucristo
cambió mi
vida
completamente!
Porque: "De
modo que si
alguno está
en Cristo,
nueva
criatura es,
las cosas
viejas
pasaron; he
aquí, son
hechas
nuevas."
(2 Corintios
5:17)
Mi involucramiento
con mujeres aumentó
y también el placer
y el éxtasis
satánico. Pero
juntamente con eso
vinieron los celos y
la agonía de
relaciones
quebrantadas;
relaciones de
homosexualidad y
lesbianismo.
Tuve muchos
encuentros e
involucramientos
intensos
homosexuales.
Experimenté dos
relaciones lesbianas
de largo tiempo: una
de siete años y la
otra de seis años.
En las dos
relaciones
deseábamos tener
bebés y formar una "familia
alternativa". En una
relación tuvimos un
niño. Comencé a
tomar drogas y cada
día aumentaba el
consumo de las
mismas a causa del
rechazo y la
inseguridad que
experimenté con mis
amantes mujeres.
Básicamente tenía
una triple vida:
1. me involucraba en
organizaciones
comunitarias y en
negocios progresivos;
2. estaba
involucrada en la
comunidad de
homosexuales y en el
ambiente de centros
nocturnos de
lesbianas; y,
3. estaba adicta a
la pornografía y
frecuentaba las
librerías de adultos
y los centros de
bailarinas desnudas.
Me cansé de tratar
de mantener
separadas estas tres
vidas y tenía miedo
que todo el mundo se
diera cuenta quien
verdaderamente era
yo. Me encontraba
derrotada
emocionalmente.
La palabra de Dios
dice: "Venid a mí
todos los que estáis
trabajados y
cargados, y yo os
haré descansar."
(Mateo 11:28). Nunca
pensé que alguien me
podría amar
sinceramente. Ya
había oído esas
palabras tantas
veces. Cuando acepté
a Jesucristo en mi
corazón como mi
Salvador, Dios me
dijo: "Eres mi hija,
nunca te abandonaré
ni te rechazaré."
Por los siguientes
cuatro años y medio,
mientras luchaba por
salir de esos
hábitos pecaminosos,
el Señor Jesucristo
demostró su amor por
mí. Entonces,
comencé yo a amarlo
a él.
Es la bondad de Dios
la que nos guía al
arrepentimiento.
Ahora yo camino en
Victoria total de
toda la perversión
sexual en la que
estaba esclavizada.
Tengo el don del
celibato, no me
masturbo ni tampoco
tengo ningún deseo
sexual. Estoy en paz
con Dios y conmigo
misma. Soy una mujer
santa, llena de
alegría y
prosperidad, porque
la gracia de Dios ha
sido suficiente para
mí. ¡Si Dios lo hizo
por mí, también lo
puede hacer por ti!
Datos sobre la
autora:
La Dra. Socorro "Soki"
Meza es una ministro
de sanidad interior
en el área del
quebrantamiento
sexual y la
directora del
ministerio
"Restoring Families
Worldwide".
Para más información
se puede comunicar
con la Dra. Meza en
los siguientes
contactos:
1880 W. Birgess Ln.
Phoenix, AR 85041
Tel.: 602.276.9064